España es uno de los países en los que más aumentan los casos de obesidad infantil y juvenil. ¿A qué se debe esta epidemia?

Según los últimos datos, la tasa de obesidad en la población infantil y juvenil de nuestro país es una de las más altas de de toda la UE: afecta al 26% de los chicos y el 24% de las chicas.

No nos engañemos pensando que es solo un problema estético. El exceso de peso en edades tempranas aumenta el riesgo futuro de diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular, hipertensión, síndrome metabólico, problemas respiratorios y otras enfermedades crónicas.

niño comiendo

Como explicaciones de esa epidemia, los expertos citan esta lista:

  • Desayunan poco o mal. Según datos del Ministerio de Sanidad, el 6,2% de la población infantil y juvenil española no desayuna habitualmente y un alto porcentaje lo hace deficientemente.
  • Toman demasiadas grasas. Sobre todo, toman un exceso de grasas “trans” y de grasas saturadas … lo que aumenta no solo su riesgo de obesidad, sino el de hipercolesterolemia (niveles altos de colesterol LDL).
  • Beben demasiados refrescos azucarados. Repletas de azúcares y calorías, estas bebidas no sacian y producen acusados picos de azúcar en sangre. Consumidas en exceso y de forma continuada, aumentan el riesgo de obesidad y resistencia a la insulina, estadío previo a la diabetes tipo 2.
  • Toman pocas frutas, verduras y legumbres, lo que les priva de las vitaminas, minerales y compuestos antioxidantes de los vegetales, además de los beneficios de la fibra vegetal.
  • Consumen demasiada bollería y pastelería industrial. Su alto contenido en grasas (a menudo trans o saturadas), azúcares y harinas refinadas es sinónimo de muchas calorías y escasos nutrientes.
  • Abusan de los snacks. Las altas cantidades de sal “oculta” en bolsas de patatas fritas, gusanitos y otros snacks, junto con las grasas trans que contienen y su casi nulo valor nutricional hacen desaconsejable su consumo habitual.
  • Ignoran el pescado. Su ausencia en la dieta les resta excelentes proteínas y las beneficiosas grasas omega 3 de cadena larga.
  • Hacen poco ejercicio y poca vida al aire libre. Lo que redunda en un bajo porcentaje de masa muscular para su edad y en mayor riesgo de obesidad, en especial de obesidad abdominal. La creciente tendencia a la diversión en interiores (tele, ordenador, consolas…) se asocia además a bajos niveles de vitamina D, esencial para fijar el calcio de la dieta y muchas funciones fisiológicas.
  • Se saltan comidas. Más común entre las chicas, el hábito de saltarse comidas altera las pautas de alimentación naturales y ha demostrado aumentar el riesgo de trastornos de la alimentación.
  • Comen solos ante una pantalla. Los niños y adolescentes que comen sentados a una mesa con la familia comen más sano –toman más frutas, verduras, pescados y legumbres–, tienen una media de peso más baja y desarrollan lazos familiares más estrechos y mejor comportamiento social y escolar que los que comen solos ante el ordenador, la televisión o la consola.

¿Qué deberían hacer?

  • Desayunar bien. La primera comida de la mañana debe suponer entre el 25% y el 30% de las calorías diarias. Debería incluir algo de proteína (jamón, pavo o pollo magros, yogur, huevos…), hidratos de carbono ricos en fibra (pan integral) y una pieza de fruta.
  • Eliminar las grasas trans. Vienen indicadas en los envases como “grasas vegetales hidrogenadas o parcialmente hidrogenadas”.
  • Tomar menos “chuches”, snacks y refrescos azucarados. Una lata de refresco tiene unas 130 calorías; una bolsita de patatas fritas, 230; una barrita de chocolate (tipo Mars), tiene 300. Las mejores bebidas: el agua (a voluntad) y cantidades adecuadas de leche y zumos naturales; los refrescos pueden ser una opción esporádica, pero no la bebida habitual.
  • Divertirse más en exteriores. Para ganar músculo, reducir la ansiedad, desarrollar lazos sociales y de amistad y asegurar buenos niveles de vitamina D, nada como los juegos y deportes al aire libre, el montañismo, la mountainbike, las acampadas de fin de semana…
  • Tomar 5 piezas de verdura y fruta al día. No es tan difícil. Por ejemplo, un plátano en el desayuno ya es una ración; una ensalada mixta en la comida son dos raciones; una pera o manzana por la tarde es otra ración, y un bol de puré de verduras en la cena sería la quinta. Las legumbres también suman en el total, por su riqueza en minerales, fibra y compuestos antioxidantes.
  • Asegurarse buenas proteínas, como las de la carne magra, el pescado, los lácteos y los huevos, necesarias para un correcto desarrollo.
  • Conseguir omega-3 de cadena larga. Además del pescado azul (mejor de pequeño tamaño, porque los grandes contienen cantidades peligrosas de metales pesados) , los productos con Vidalim proporcionan las cantidades suficientes de omega-3 de cadena larga (exentos de metales pesados) esenciales en la dieta infantil.
  • Comer sentados a una mesa. Una de las cosas que más contribuye a la obesidad es esa costumbre de “tomar cualquier cosa de la nevera” al llegar a casa y sentarse a comer delante de una pantalla. Tanto niños y adolescentes como mayores que comen de ese modo acaban tomando muchas más calorías –y sobre todo más “calorías vacías”– que los que comen sentados a una mesa.