• El hombre prehistórico prefería vivir en zonas de costa y junto a lagos y ríos, donde podía alimentarse de pescados, mariscos, moluscos y anfibios, ricos en proteína y en ácidos grasos omega-3 de cadena larga.
  • De hecho, hoy sabemos que los genes humanos,y especialmente nuestro cerebro racional, evolucionaron con una dieta muy rica en esos omega-3 de pescado.
  • Con la llegada de la agricultura y mucho más recientemente, con el boom de los alimentos procesados, los humanos aumentamos drásticamente el consumo de otro tipo de grasas: los omega-6, presentes en semillas y aceites de girasol, cacahuete, maíz o soja.
  • Ese desequilibrio, extraño para nuestros genes, ha demostrado tener graves consecuencias para la salud.
  • Se calcula que, en la actualidad, la proporción de omega- 6/omega-3 es de 20 a 1, cuando nuestros genes evolucionaron con una proporción de 1 a 1 e incluso favorable a los omega-3.

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La pregunta es: ¿cómo recuperar esa proporción tan deseable?

  • Puedes lograrlo aumentando el consumo de pescados y mariscos y también, complementando tu dieta con alimentos funcionales con omega-3 de cadena larga, como los de Vidalim ®.
  • Exentos de metales pesados y protegidos de la oxidación con potentes antioxidantes de romero, los productos con Vidalim ® aseguran que esos omega-3 de pescado tengan los beneficios deseados en tu organismo.
  • Desarrollados conjuntamente con el Departamento de Ciencias de la Alimentación de la Universidad Autónoma de Madrid, su seguridad y propiedades han sido testados en numerosos estudios científicos.

Un problema de proporciones

–Los omega-6 promueven la inflamación.

Presentes en aceites de girasol, cacahuete, soja o maíz y muchísimos alimentos procesados, el exceso de omega-6 produce un exceso de inflamación y favorece lo que se conoce como inflamación silenciosa crónica, que se relaciona con mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, cánceres, artritis, enfermedades autoinmunes y otras patologías crónicas.

— Los omega-3 tienen efecto antiinflamatorio.

Hay dos tipos de omega-3: de cadena larga (como los del pescado y el marisco) y los de cadena corta (presentes en frutos secos y algunas semillas). Los que más beneficios han demostrado para la salud son los de cadena larga. De hecho, suplementar la dieta con omega-3 de pescado ha demostrado reducir el riesgo de patologías inflamatorias, entre otras la enfermedad cardiovascular, el cáncer, el Alzheimer o la artritis, e incluso enfermedades psiquiátricas como la depresión .

Hoy, el consenso es conseguir una proporción de omega-6/omega-3 igual o menor de 4 a 1. Esa proporción podría reducir el riesgo de muchas enfermedades crónicas y reducir su enorme impacto en la sociedad y el sistema sanitario, según diferentes estudios.