• Dolor, hinchazón, rigidez, sensibilidad, nódulos en las articulaciones … son síntoma de artritis reumatoide y señal de inflamación. De hecho, la artritis reumatoide se relaciona con altos niveles de citoquinas –sustancias producidas por el sistema inmunitario– y altos niveles de citoquinas son sinónimo de inflamación.

 

  • Niveles altos de colesterol LDL (el “malo”) y de triglicéridos (otro tipo de grasa presente en la sangre) producen también inflamación, lo cual explica por qué las personas con artritis reumatoide tienen un riesgo más alto de ataques cardiacos e ictus.

 

  • La pregunta de muchas personas afectadas es: ¿Hay algún tipo de dieta capaz de prevenir o reducir los dolorosos síntomas inflamatorios de la artritis reumatoide?

 

  • Además de evitar el consumo de azúcares e hidratos de carbono refinados y aumentar el de frutas, verduras y productos frescos en general, hoy sabemos que los omega-3 de pescado suprimen las citocinas y otras sustancias inflamatorias del organismo y reducen los niveles de colesterol LDL y de triglicéridos.

 

  • Hay dos tipos de omega-3: de cadena corta (procedentes de frutos secos y semillas) y de cadena larga (procedentes del pescado, las algas y el marisco). Los omega-3 de cadena larga (es decir, de fuentes marinas) son los que más beneficios han demostrado para la salud, por su potente efecto antiinflamatorio.

 

  • Todos los pescados y mariscos contienen omega-3 de cadena larga. ¿El problema? Que los altos niveles de metales tóxicos, como el mercurio y el plomo, presentes hoy en ciertas especies de pescados y mariscos (como el pez espada, el atún, los mejillones y los berberechos) hacen que muchas personas eviten consumirlos, con lo que se privan de los muchísimos beneficios de los omega-3. Otro problema es que el cocinado destruye más de la mitad de los omega-3 del pescado.

 

  • ¿Cómo conseguir entonces esos nutrientes tan valiosos para la salud? Los expertos aconsejan informarse sobre las tasas de metales pesados de los pescados y mariscos que tomamos y alternar el consumo de especies “seguras” con productos funcionales que aporten omega-3 de pescado con garantías de seguridad y eficacia, como los de Vidalim .

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